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Moorea
Esta es la isla paradisíaca con la que has estado soñando todo el invierno: montañas que caen de forma casi vertical en una clara laguna, exuberante vegetación, restaurantes que sirven pescado fresco, elegantes alojamientos y un lánguido ritmo de vida.
Moorea es considerado uno de los lugares más hermosos del Pacífico Sur y del mundo. Se trata de una atractiva y relajante isla con playas de arena blanca, lagunas color turquesa y verdes montañas que se elevan hacia el cielo.
Una perezosa existencia abarca la isla, aunque hay mucho para mantener ocupado al más activo de los visitantes durante meses. Las actividades en la isla incluyen safaris en vehículos 4x4, tours interactivos con delfines, paseos a caballo, alimentar a los tiburones y prácticamente todos los deportes acuáticos imaginables.
A pesar de que la isla conserva palpable en el aire las tradiciones polinesias, y los locales se enorgullecen de haber evitado el desarrollo excesivo de Bora Bora, la isla está dominada por el turismo, pero de una forma organizada que la hace parecer siempre tranquila.
La mayoría de las personas llegan por ferry desde Papetee, que es la mejor forma de tener acceso a la isla, ya que no solo es más barato que volar, sino que además se pueden apreciar algunas preciosas vistas de Tahití y Moorea durante el viaje.
Para alojarnos elegimos el Sofitel Moorea la Ora Beach, un espectacular resort en el corazón de la mejor playa de la isla, con jardines maravillosos y espaciosos bungalows lujosamente decorados, muy cerca del agua.
La mejor manera de explorar Moorea es alquilar un coche o un scooter y recorrer la carretera de circunvalación que rodea la isla. La carretera pasa a través de pintorescos pueblos y ofrece vistas espectaculares de montañas, plantaciones, valles y lagunas.
Asegúrate de tomar la sinuosa carretera hasta el Mirador Belvedere, que comienza a los pies del Condado Cook's Bay, una de las dos grandes ensenadas de la isla, con muchos pequeños restaurantes y hoteles.
El Mirador Belvedere ofrece una vista panorámica de la bahía de Moorea, así como de las montañas que le rodean. En el camino paramos en varios maraes antiguos que se han excavado en el bosque.
En el lado oeste de la Bahía de Cook, busca el desvío hacia la Destilería y Fábrica de Jugos Moorea; si bien no hay tours guiados, encontrarás una tienda de regalos donde degustar y comprar los licores y aguardientes, así como otros recuerdos.
Como la carretera da vueltas alrededor de la Bahía Opunohu, pasamos por Kellum Stop, un jardín botánico. Se trata de los restos de lo que una vez fue una inmensa finca propiedad de un empresario norteamericano, donde las visitas guiadas se realizan sólo en las mañanas y deben ser coordinadas de antemano.
Más allá de la Bahía Opunohu, el camino llega a la activa zona de Hauru Point, donde se encuentran varios centros turísticos, así como una cadena de tiendas, restaurantes y oficinas de alquiler de coches y bicicletas. Desde allí, el camino se dirige hacia la costa oeste de la isla.
El Teatro Tiki Village es la principal atracción de este tramo. Es un parque temático estilo polinesio, con edificios tradicionales y demostraciones artesanales. Más al sur, en Haapiti, hicimos una parada en la bella iglesia católica en el interior de la carretera.
La curva sur de la isla está salpicada de pequeñas aldeas, mientras que más hacia la costa este, cerca de la aldea Afareaitu, se encuentran dos grandes cascadas que se pueden ver desde la carretera principal.
Un encuentro cercano con los delfines se ofrece en Beachcomber, donde pudimos interactuar con los animales en una piscina cerrada. Si prefieres verlos en su entorno natural, apúntate a una excursión con el Dr. Michael Poole, un renombrado experto en delfines de la isla.
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